- 20 de julio de 2026
El técnico español sepulta el viejo mito del fútbol al consagrar a España campeona en una campaña inolvidable.

El universo del fútbol es profundamente supersticioso. Se habla de la maldición de Béla Guttmann en el Benfica o de fantasmas en estadios específicos, pero había un mito moderno, silencioso y estadísticamente implacable que atemorizaba a las federaciones internacionales: la maldición de los entrenadores calvos.
Según los registros de la Copa del Mundo de la FIFA desde su inicio en 1930, ningún director técnico completamente desprovisto de vello cabelludo había logrado levantar el trofeo más preciado del planeta.
Figuras de la talla de Vittorio Pozzo, César Luis Menotti, Carlos Bilardo, Vicente del Bosque, Didier Deschamps o Lionel Scaloni tenían algo en común: todos lucían melena, flequillo o, al menos, un visible rastro de cabello al coronarse campeones.Hasta hoy.
La teoría urbana dictaba que la falta de pelo restaba esa milimétrica dosis de fortuna necesaria en las finales de alta tensión. Sin embargo, la Selección de España saltó al campo dispuesta a destrozar la pseudociencia de los banquillos. Al mando del equipo, un hombre rompió el patrón histórico con elegancia, unas gafas impecables y una calvicie reluciente: Luis de la Fuente.
De mito "descabellado" a realidad histórica
El estratega riojano no solo lideró una campaña brillante basada en un fútbol ofensivo y vertiginoso; también cargó sobre sus hombros el peso de una estadística que muchos consideraban el dato más descabellado del balompié mundial.
Romper un tabú de casi un siglo de antigüedad requería algo más que fortuna: demandaba una pizarra táctica perfecta y una gestión de grupo inquebrantable. Con el silbatazo final, la luz de los reflectores del estadio se reflejó en su cabeza calva mientras sostenía la Copa del Mundo, un instante que sepultó para siempre las burlas del pasado y los cábalas de los más escépticos.
Este logro no es solo una estrella para el escudo de España, sino un acto de justicia poética para los estrategas sin cabello de todo el mundo. De la Fuente demostró que los campeonatos se conquistan con las ideas que brotan dentro de la cabeza, y nunca por lo que crece fuera de ella. La maldición ha muerto y el fútbol es, desde hoy, un lugar más justo y brillante.





