- 20 de julio de 2026
España dominó la final de principio a fin y desnudó todas las carencias de una Argentina que jamás encontró el camino al gol.

España volvió a conquistar el mundo. Dieciséis años después de levantar su primera Copa del Mundo, La Roja consiguió la segunda estrella de su historia al derrotar 1-0 a Argentina en la prórroga, en una final donde el marcador fue mucho más cerrado que lo que realmente ocurrió sobre el terreno de juego.
Si alguien duda de qué equipo mereció ser campeón, basta con revisar las estadísticas. España registró 20 disparos, 11 de ellos con dirección a portería, obligando a Emiliano "Dibu" Martínez a firmar probablemente su mejor actuación en toda la Copa del Mundo. El arquero argentino sostuvo con vida a su selección durante más de 100 minutos con una colección de atajadas que evitaron una derrota mucho más amplia.
Del otro lado, Argentina ofreció una de las exhibiciones ofensivas más pobres que se recuerden en una final mundialista. Apenas generó tres remates en los 120 minutos y ninguno encontró la portería de Unai Simón.
Peor aún, durante los 90 minutos reglamentarios no consiguió realizar un solo disparo entre los tres palos, algo que no ocurría desde el Mundial de Inglaterra 1966. Un dato que refleja perfectamente el planteamiento de la Albiceleste: sobrevivir antes que competir.
La diferencia terminó reflejándose en el minuto 106. Nico Williams apareció por la banda izquierda y encontró a Ferran Torres, quien definió para marcar el único gol del encuentro y desatar la fiesta española. Fue el premio para un equipo que nunca renunció a su identidad y que insistió una y otra vez hasta encontrar la recompensa.
Argentina apostó por resistir, cortar el ritmo del partido y esperar un error rival. Esa estrategia puede funcionar por momentos, pero difícilmente puede sostenerse durante una final completa. No se puede aspirar a ser campeón del mundo sin atacar, sin generar peligro y sin exigir al portero contrario. El futbol premió al equipo que quiso ganar y castigó al que únicamente quiso no perder.
El momento clave de la final
La expulsión de Enzo Fernández terminó por inclinar definitivamente la balanza a favor de España. El mediocampista argentino vio la tarjeta roja tras una dura entrada sobre Cubarsí, que le valió la segunda tarjeta amarilla. Lo que dejó a la Albiceleste con diez hombres en el momento más crítico del encuentro, obligándola a replegarse aún más.
Con la superioridad numérica, La Roja encontró los espacios que tanto había buscado durante toda la final y terminó sentenciando el partido con el gol del campeonato.
La coronación española también estuvo acompañada por los premios individuales del torneo. Rodrigo Hernández fue reconocido con el Balón de Oro como el mejor futbolista del Mundial tras liderar el mediocampo durante toda la competición.
Pau Cubarsí recibió el premio Golden Boy como la gran revelación del torneo, mientras que Unai Simón fue distinguido con el Guante de Oro después de completar un Mundial histórico bajo los tres palos, recibiendo un solo gol en 8 partidos.
España levantó la copa porque fue fiel a su estilo de principio a fin. Dominó la posesión, creó las ocasiones, asumió los riesgos y nunca dejó de buscar el arco rival. Argentina, en cambio, confundió defender con competir. Y en una final del mundo, cuando renuncias al ataque, tarde o temprano el futbol termina pasándote la factura.





