- 31 de marzo de 2026
Con jugadores claves como Schick y Souček, los checos llegan al Mundial con fuerza física y mucho peligro en balón parado.

México ya conoce a su último rival para el Mundial 2026: la República Checa, un equipo que combina experiencia, fuerza física y amenaza constante en jugadas a balón parado. Los checos regresan a la Copa del Mundo tras 20 años de ausencia y llegan como un rival incómodo y difícil de descifrar.
El gran referente ofensivo es Patrik Schick, delantero letal dentro del área, con gran definición y capacidad para crear peligro incluso en espacios reducidos. En el medio campo, el motor del equipo es Tomáš Souček, un jugador que combina liderazgo, juego aéreo y llegada constante al área rival, haciendo que los checos sean peligrosos tanto en ataque como en transición.
Otro nombre a seguir es Pavel Šulc, joven talento que aporta dinamismo y creatividad por la banda, capaz de romper líneas y generar oportunidades. En defensa y por la banda, Vladimír Coufal destaca por su experiencia internacional, capacidad para cerrar espacios y sumarse al ataque cuando es necesario.
No será un rival sencillo
Tácticamente, República Checa se caracteriza por un juego ordenado, compacto y físico, con gran disciplina defensiva y capacidad de sorprender en jugadas a balón parado. Su estilo lo convierte en un equipo que no necesita dominar la posesión para generar peligro; aprovecha los errores rivales y cuenta con jugadores que saben competir hasta el final.
Para México, esto significa enfrentar a un adversario resistente, con claridad táctica y figuras capaces de marcar diferencias en momentos clave. Schick, Souček y compañía llegan al Mundial con hambre de revancha y dispuestos a complicar cualquier plan ofensivo.
República Checa no solo regresa a la Copa del Mundo, sino que lo hace con una selección sólida, organizada y lista para pelear en cada balón.






