- 05 de enero de 2026
Lejos de los grandes fichajes de antaño, el América vive, otra vez, un mercado austero y sin figuras.
El América presume historia, títulos y una supuesta fortaleza económica que durante años marcó la pauta en el mercado de fichajes. Sin embargo, el panorama reciente ofrece una postal muy distinta: un club que hoy ficha como equipo chico, mientras observa cómo los nombres importantes se le escapan.
La incorporación de Rodrigo Dourado, mediocampista brasileño de 31 años proveniente del Atlético de San Luis, ha sido bien recibida por gran parte de la afición. Es un jugador probado en la Liga MX, con conocimiento del sistema de André Jardine y un perfil que puede aportar equilibrio. El problema no es Dourado. El problema es todo lo que lo rodea.
Porque más allá de este refuerzo puntual, el mercado azulcrema vuelve a quedar marcado por la austeridad y las decisiones de bajo impacto. Antes, el América ya había apostado por Alexis Gutiérrez, suplente en Cruz Azul; Isaías Violante, un elemento de rotación en Toluca; y ahora suma a un jugador clave en San Luis, sí, pero lejos del cartel que históricamente se asocia al club de Coapa.
La excepción reciente sigue siendo Allan Saint-Maximin, el último fichaje verdaderamente costoso... y también el único.
Promesas que nunca llegaron
El contraste se vuelve más duro cuando se recuerda la lista de nombres que circularon en el entorno americanista y que jamás se concretaron: Jesús Angulo, Vitinho, Julián Araujo y, sobre todo, Agustín Palavecino, quien hoy estaría muy cerca de convertirse en refuerzo de Cruz Azul, uno de los grandes rivales del América. Un golpe doble: no solo no llegó a Coapa, sino que podría reforzar a la competencia directa.
A esto se suma un problema estructural que la directiva no ha podido resolver: la incapacidad para liberar plazas, tanto de extranjeros como de mexicanos con salarios altos y bajo rendimiento. Nombres como Víctor Dávila, Igor Lichnovsky o Néstor Araujo siguen ocupando espacio y condicionando cualquier movimiento ambicioso.
Todo apunta a una conclusión incómoda: o no hay dinero, o ya no hay el dinero de antes. El América que presumía billetera hoy administra, ajusta y apuesta corto. Y para un club que se asume grande, eso pesa... y mucho.
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