Aaron Hernández, la estrella de la NFL que tenía una doble vida

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Hernández era una de las futuras estrellas de la liga y estaba entre los mejor pagados de los Patriotas.

Uno pensaría que Aaron Hernández, en 2013, tenía todo como una estrella de los Patriotas de Nueva Inglaterra y un contrato de 40 millones de dólares.

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Pero lo que nadie supo dentro de los Patriotas y entre los aficionados de la NFL, que Hernández vivía una segunda vida que incluía muchas fiestas, abuso de sustancias y una colección de armas, esto es lo que descifra el documental de Netflix: “Killer Inside:  The mind of Aaron Hernandez”.

Aunque las razones por las que atentó contra la vida de tres personas siguen como un misterio, Hernández nunca mostró remordimiento por sus acciones.

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El documental de Netflix muestra las diferentes situaciones que marcaron la vida Hernández.

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Infancia y adolescencia

Nació el 6 de noviembre de 1989 en la ciudad de Bristol, Connecticut; hijo de Dennis y Terri Hernández

Hernández creció en una casa con muchos problemas, desde sus papás en constante pelea hasta ser golpeado por su padre.

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Aunque Dennis no lo trataba bien, se encargó de empujarlo a él y a D.J., su hermano, a que fueran grandes jugadores de futbol americano.

Dennis fue corredor en los 70’s de la Universidad de Connecticut y D.J. también jugó ahí, además parecía que Aaron se iba unir a la tradición familiar hasta que pasó la tragedia.

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Dennis falleció a los 49 años en 2006 debido a una situación que surgió en una cirugía de rutina de hernia; Aaron tenía 16 años.

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Según amigos de Hernández y su familia, comentaron en el documental que el jugador no mostró ninguna emoción hacia su padre durante su funeral.

Además que Dennis era muy estricto con sus hijos, por lo que Hernández temía la autoridad de su padre y se portaba bien.

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Los amigos especulan que su muerte fue el punto donde Hernández perdió la brújula y su vida cambio.

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Primeros contactos con criminales

Después de la muerte de su padre, Hernández dejó la oportunidad de jugar en la Universidad de Connecticut y se unió a la Universidad de Florida, en ese momento la mejor de todo Estados Unidos.

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Además que su situación con su mamá se deterioró al punto que empezó a vivir con su prima, Tanya Singleton.

Según los recuentos de los entrevistados, Singleton se convirtió en una figura materna para él y que le permitía hacer lo que quisiera.

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Durante su estancia con Singleton, Hernández se volvió adicto a la marihuana y otras drogas de uso recreacional, además conoció a Ernest Wallace y Carlos Ortiz, sus cómplices en el caso de Odin Lloyd.

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Universidad de Florida

El talento de Hernández sobresalió desde su primer día en los Florida Gators del futbol americano universitario y se ganó el puesto titular de ala cerrada.

(Foto: Instagram @maurkicepouncey)

Junto al mariscal de campo Tim Tebow, guiaron a Florida a un campeonato nacional en 2008 y un título en el Tazón del Azúcar en 2009.

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Pero su paso en Florida no estuvo exento de problemas, desde fallar una prueba antidopaje por consumo de marihuana a varios incidentes en lugares públicos y le avisaron a Hernández que no podía regresar para la temporada 2010.

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NFL

Hernández entró al Draft de la NFL en 2010 con 20 años de edad y era considerado uno de los mejores prospectos de la generación.

Pero debido a que falló la prueba antidopaje en Florida y sus problemas extracancha, fueron la razón que fue elegido hasta la cuarta ronda por los Patriotas de Nueva Inglaterra.

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En el momento parecía que caía en la mejor situación posible con Bill Belichick y Tom Brady, pero pocos sabían que no era lo mejor para él porque tenía cerca su ciudad natal y personas como Wallace y Ortiz que no eran buena influencia.

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En tres temporadas (2010-12) con los Patriotas se convirtió en una superestrella del equipo, además que formaba una de las parejas más temidas de la NFL con Rob Gronkowski.

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Sus buenas actuaciones ayudaron a los Pats a llegar al Super Bowl 46 en 2012, donde recibió un pase de anotación de Brady, y fue premiado con un contrato de cinco años y 40 millones de dólares.

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Problemas legales

Aunque el primer caso que se hizo famoso fue el de Odin Lloyd, Hernández el primer acto de crimen serio lo cometió en 2012 cuando supuestamente disparó en múltiples ocasiones a dos personas en Boston.

Fue declarado inocente en 2017 de este caso, pero la evidencia apunta que Hernández tuvo un papel importante en el suceso.

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Según la policía de Suffolk, Massachusetts, Hernández y un cómplice estaban en un bar donde se encontraron con las víctimas y al parecer le tiraron una bebida encima; no se sabe más del motivo del ataque.

En el caso de Lloyd, de inmediato fue el principal sospechoso del atentado porque el cuerpo fue encontrado a unas cuadras de la casa de Hernández.

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Hernández mantuvo su inocencia durante todo el proceso, pero las pruebas siempre apuntaron que él fue que disparó a Lloyd; las autoridades nunca recuperaron el arma que se usó.

Ortiz y Wallace trabajaron con la fiscalía a cambio de una sentencia menor y acusaron a Hernández de ser la cabeza de la operación.

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Fue declarado culpable en 2015 del suceso y recibió una sentencia de cadena perpetua.

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Suicidio

Después de ser declarado inocente en el caso de Boston en 2017, la defensa de Hernández encabezada por José Baez empezó a trabajar en una apelación para su cadena perpetua.

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Pero a los pocos días de lo que parecía el inicio para salir libre, Hernández se quitó su propia vida en su celda durante la madrugada del 19 de abril del 2017; tenía 27 años.

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Su cerebro fue donado a la Universidad de Boston para su estudio; los científicos de ahí descubrieron que tenía un caso severo de Encefalopatía traumática crónica (CTE por sus siglas en inglés).

Las zona más afectada fue la que controla la toma de decisiones e impulsos, además que su cerebro terminó como el de un jugador de la NFL de 56 años.

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