OPINIÓN: Messi y la razón por la que su silencio lastima a los barcelonistas

Lionel Messi podría irse del Barcelona

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Messi está en su derecho de elegir cuándo dejar de jugar en el FC Barcelona, a cuya historia de éxitos ha aportado de forma incuestionable, pero también se debe a los aficionados que han hecho factible lo que es y lo que será.

Por Guillermo Cruz

Lionel Messi está en su derecho de irse del FC Barcelona por las razones que quiera: conflictos con la directiva; ausencia de un proyecto deportivo ‘a su altura’; ambición y/o necesidad por reencontrarse con Pep Guardiola o Neymar o incluso por mejorar sus condiciones salariales.

La discusión simple o acaso superficial no puede limitarse a si el presidente del club, Josep Maria Bartomeu, es el peor de la historia del equipo, o si Messi es el caudillo que en realidad maneja los hilos del vestuario que cobra los sueldos más altos del futbol mundial.

Desde la perspectiva del aficionado, la casi confirmada partida de Messi tiene dos componentes ineludibles: el acostumbrado catastrofismo con el que se van del Barcelona sus estrellas, peleadas con sus directivos (en su momento ocurrió con el húngaro Kubala, el holandés Cruyff, los brasileños Romario, Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho, el portugués Luis Figo, el danés Michael Laudrup, e incluso el camerunés Samuel Eto’o), así como con el silencio impune con el que Messi se ha conducido después de la histórica goleada a manos del Bayern Munich en la Champions League, un 8-2 que pasará a la historia del futbol mundial, en el que Messi estuvo en el campo, y en el que nunca se le observó, a pesar de tener el brazalete de capitán, pegar un grito a sus compañeros, impulsarlos con aspavientos o al menos pegar una patada de desesperación a un rival, para tratar de generar una reacción.

Messi optó por el silencio como respuesta, dentro del campo y fuera de él. De la cabeza abajo, ni hablar. 

El argentino, avecindado en Barcelona desde que tenía 13 años, ganó con el club blaugrana más de 30 títulos, acompañado de la generación de futbolistas más exitosa en la historia del futbol español: Xavi, Andrés Iniesta, David Villa, Sergio Busquets, Gerard Piqué y Pedro Rodríguez, además de Neymar, Daniel Alves, Luis Suárez, Rafael Márquez, el mismo Ronaldinho, Carles Puyol, Jordi Alba, Samuel Eto’o, Iván Rakitic, Eric Abidal, Yaya Touré, entre otros.

Pero que quede claro, no lo hizo solo. Fue determinante, pero no ganó por sí solo. En las derrotas, particularmente en las tres últimas Champions League, no apareció. Se justifica que eso ocurrió por no estar rodeado de astros como los de años previos, pero ahí quizá debería evaluarse la influencia de él mismo como capitán.

Lionel Messi en el Camp Nou
Foto: @leomessi

Messi, gracias a su talento innato y a sus acrobacias en el campo, logró construir en el campo y fuera de él, un imperio que sólo se ha visto cuestionado por la competitividad, carisma y éxito, labrados por un trabajo imparables, de Cristiano Ronaldo, quien ha ganado todo aquello en lo que ha competido, salvo la Copa del Mundo. Tiene incluso más logros que Messi. Incluido el apartado de liderazgo, que es el talón de aquiles del argentino, de quien se decía que se limitaba a hablar en el campo.

Pues bien, cuando llegó la hora de que Messi hablara ante los micrófonos, no lo ha hecho, contribuyendo a acrecentar una crisis en el club que fue el único que cuando era un adolescente, lo recibió en su Ciudad Deportiva y financió el tratamiento médico que requería.

Messi retribuyó con títulos ese cobijo que el club le concedió a él y a su familia, que han construido una fortuna que garantiza la tranquilidad financiera de su apellido por generaciones.

Pero el argentino se ha olvidado de esas personas que hacen posible que funcione esa maquinaria que lo ha elevado a la categoría de ídolo y multimillonario: los aficionados. Quienes pagan boletos, compran camisetas, reservan vuelos y tours, domicilian paquetes de televisión por cable, consumen los productos que anuncia y sobre todo, lo creen infalible.

No imagino a Sergio Ramos, capitán del Real Madrid, o a Manuel Neuer, del Bayern Munich, guardando silencio después de una ruina deportiva de sus respectivos equipos como la registrada en Lisboa. Messi, en cambio, se ha escondido. Pleitos aparte, insisto, fueron el argentino y sus compañeros, quienes dieron un espectáculo lamentable en la cancha y arrastraron un escudo de la manera más vergonzosa.

Es muy probable que Messi se vaya del Barcelona, con litigio o sin él, pero, estableciendo paralelismos, no recuerdo a Kobe Bryant huyendo de los Lakers de Los Ángeles y dejando a su equipo de toda la vida cuando sabía que no tendría opciones de ser campeón; tampoco lo hizo Gianluigi Buffon cuando la Juventus descendió a la segunda división italiana por los amaños de partidos comprobados a ese equipo; menos aún tomó ese camino Paolo Maldini del Milán cuando los tiempos de bonanza terminaron en el equipo que dejó de pertenecer a Silvio Berlusconi. Ejemplos sobrarían.

Todo parece indicar que Messi es de los que abandonan el barco cuando el temporal arrecia, por lo pronto ya dio las primeras señales al no presentarse a las pruebas PCR que darán paso a la pretemporada.

Decía Marcelo Bielsa, ahora entrenador del Leeds United, cuando dirigía al Olympique de Marsella: “acepten la injusticia, que todo se equilibra al final (…) traguen veneno”.

Messi quizá podrá encontrar fuera del Barcelona el antídoto al veneno que le consume, pero perderá la oportunidad de convertirse en un eterno estandarte y ser únicamente un imborrable recuerdo. Quizá simplemente estemos ante el momento en el que Messi decide ser simplemente Lionel, porque se da cuenta que no es el que se le exige que sea.

Continuará…

**Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor de la misma.





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