- 07 de abril de 2026
Mientras algunas zonas del Azteca justifican su precio con nuevas comodidades, hay algunos lugares que no valen la pena el costo

La remodelación del Estadio Azteca sigue dando mucho de qué hablar. Aunque el Coloso de Santa Úrsula ya reabrió oficialmente sus puertas para el duelo ante Portugal, el inmueble todavía luce varias zonas en obra rumbo al Copa Mundial 2026, lo que ha generado críticas tanto por la experiencia para el aficionado como por los precios que se manejan actualmente.
Las adecuaciones estructurales, ajustes en gradas, nuevas áreas premium y modificaciones internas han convertido cada partido en una especie de "prueba" rumbo al torneo mundialista. Sin embargo, mientras algunas partes presumen comodidades de nivel internacional, otras evidencian que la renovación todavía está lejos de ser uniforme.
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Entonces... ¿cuáles son los peores asientos y por qué cuestan hasta 60 mil pesos?
Aficionados que asistieron al duelo contra el combinado portugués exhibieron las zonas más conflictivas del inmueble: áreas donde la visibilidad al campo es prácticamente nula. Columnas que tapan la mitad de la cancha, barandales que bloquean la vista, espacios con ángulos imposibles y butacas situadas justo detrás de estructuras temporales se han convertido en motivo de molestia entre quienes pagaron boletos esperando al menos ver el partido.
Sin embargo, desde el encuentro ante Portugal, aficionados se quejaron de la nula visibilidad que hay en la primera fila de butacas en prácticamente todo el inmueble, sin embargo, aunque detrás de ambas porterías las cosas se ponen lamentables, las primeras butacas de la cabecera norte son las peores de todo el inmueble:


Lo más sorprendente es que, pese a la pésima visibilidad, estos mismos lugares han aparecido en plataformas de reventa con precios que alcanzan —e incluso superan— los 60 mil pesos por asiento. Y aunque el Azteca suele elevar sus costos de forma considerable en juegos de alto calibre y, ni se diga, en encuentros mundialistas, normalmente las zonas más caras incluyen experiencias premium, servicios exclusivos y comodidades que justifican (en parte) el gasto.
Pero aquí no se trata de lujos: se trata de butacas desde las que literalmente no se ve el campo. Aun así, la fiebre por asistir a un partido histórico o vivir el Mundial ha creado un mercado de reventa donde hasta el peor asiento del estadio puede alcanzar cifras absurdas. Un recordatorio de que, en el futbol mexicano, hasta la peor vista tiene precio.
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