- 30 de enero de 2026
La Máquina tuvo el partido controlado, rozó la cruzazuleada en el cierre y terminó imponiéndose a un Juárez que nunca dejó de creer.

Lo que parecía una noche plácida para Cruz Azul terminó convertido en un ejercicio de resistencia. La Máquina, que había resuelto el partido temprano y llegó a tenerlo en la bolsa, rozó el abismo de una nueva "cruzazuleada" y acabó pidiendo la hora. Juárez, herido pero jamás rendido, se levantó en el segundo tiempo, firmó tres goles y convirtió el cierre en un suplicio, aunque el marcador final, 4-3, aún favoreció a los celestes.
Todo era miel sobre ojuelas...
Seis minutos. Eso fue todo lo que necesitó Cruz Azul para romper el partido y dejarlo cuesta arriba para unos Bravos de Juárez que entraron dormidos. Mientras el estadio apenas tomaba temperatura, la Máquina ya había sentenciado el trámite con dos golpes de vestidor cortesía de la "Doble P" (Paradela y Palavecino), socios desde el primer suspiro del encuentro.
A los 38 segundos, sí, antes de que el cronómetro se acomodara, Cruz Azul ya mandaba en el marcador. Juárez ni siquiera alcanzó a reaccionar cuando Agustín Palavecino apareció como si llevara años jugando en La Noria. El "Toro" Fernández, con colmillo y pausa, le sirvió un balón de oro y el argentino definió. La sensación es clara: esta dupla promete darle muchas tardes tranquilas a la afición celeste.
El golpe inicial dejó aturdidos a los fronterizos. El equipo de Nicolás Larcamón encontró espacios, confianza y ritmo. Juárez, en cambio, empezó a regalar errores. El segundo llegó tras uno de esos pecados capitales: Denzell García perdió el balón en zona prohibida, y José Paradela olió la sangre, recuperó y sacó un derechazo seco, potente, inatajable. Golazo. El tercero suyo en cuatro partidos y una confirmación más de que el argentino atraviesa un momento dulce.
Con el 2-0, Cruz Azul jugó cómodo, casi a placer, moviendo el balón con paciencia y colmillo. Juárez encontró un pequeño respiro cuando Estupiñán mandó la pelota al fondo tras una salida imprudente de Gudiño casi a tres cuartos de cancha. El festejo fue breve: el fuera de juego apareció de inmediato. Pero el aviso estaba dado. Tendría revancha.
Antes de que llegara, la Máquina volvió a golpear. Al minuto 38, una jugada colectiva de esas que se saborean: Palavecino flotó entre líneas, picó el balón con sutileza, vino el centro, el cabezazo del "Toro" que se abría y, finalmente, la barrida salvadora de Carlos Rotondi para empujarla al fondo. Tercer gol, otra estocada y sensación de partido liquidado... o eso parecía.
Al descanso y con polémica
El cierre del primer tiempo trajo polémica y tensión. Ya en el agregado, una mano de Palavecino dentro del área encendió los reclamos. El árbitro Jesús Rafael López fue llamado al VAR y la revisión se hizo eterna para Cruz Azul. La decisión llegó acompañada de caos: roja para Larcamón, roja para su auxiliar y penal para los Bravos, en medio de protestas y confusión en el banquillo celeste.
Desde los once pasos, Óscar Estupiñán no falló. Cobro firme, al ángulo superior izquierdo, imposible para Gudiño. Gol que recortó distancias y que, al menos, dejó a Juárez con vida de cara al complemento.
¿La estocada final?
Al minuto 50, Juárez volvió a cavar su propia fosa. Otro error en la salida dejó desprotegida la zona más delicada del campo y evidenció la ausencia del mediocampo fronterizo. Con metros y tiempo de sobra, Charly Rodríguez avanzó y sacó un disparo medido, quirúrgico, que rozó en el palo izquierdo antes de besar la red. Fue el primer gol de un futbolista mexicano para Cruz Azul en el torneo.
Incluso con el partido de cara, el cuadro celeste tuvo el quinto en los pies y lo dejó escapar. Tras una falta un tanto polémica sobre el Toro Fernández, sancionada desde el VAR, el árbitro señaló el punto penal. Rotondi, con su habitual zurda, cruzó el disparo con intención, pero el palo le negó el doblete y evitó una goleada aún más amplia.
Bravos resurgió como el fénix
Juárez se negó a bajar los brazos y encontró premio con una tijera espectacular de Guilherme Castilho, un gol tan estético como inesperado que volvió a agitar el partido. La celebración encendió los ánimos y derivó en un conato de bronca entre ambos equipos, reflejo de la tensión que aún latía sobre el césped. Fernández terminó expulsado y la Máquina tuvo que aguantar con 10 hombres.
Tras un cabezazo de Estupiñán que terminó en gol al 90, la famosa "cruzazuleada" parecía posible, sin embargo, su rival no fue capaz de sobreponerse a la desventaja. Cruz Azul duerme en la cima de la tabla general, esperando a que el Atlético de San Luis detenga la racha perfecta que hasta ahora ha tenido el Guadalajara.




