El equipo de Red Bull sufre un gran bache tras puros éxitos

El mensaje de Verstappen a su equipo no es un discurso motivacional. Pide algo mucho más aburrido y mucho más difícil: estabilidad.
El mensaje de Verstappen a su equipo no es un discurso motivacional. Pide algo mucho más aburrido y mucho más difícil: estabilidad. Créditos: Cuenta de X Max33Verstappen

Hay equipos que se rompen de golpe y otros que se van desmontando pieza a pieza, casi sin ruido, hasta que un día alguien mira alrededor y no reconoce a nadie. A Red Bull le está pasando lo segundo.

La escudería que ganó cuatro títulos seguidos con Max Verstappen lleva dos años perdiendo gente clave, primero en los despachos y ahora en el propio muro de boxes, y el neerlandés ha dejado claro qué necesita el equipo para salir del agujero.

Su mensaje es simple, Red Bull no es una escudería de la zona media de la parrilla, es un equipo hecho para ganar y disputer tanto el mundial de pilotos como el de constructores, y por eso mismo las palabras de Max son tan incómodas. Repasamos qué está fallando en Milton Keynes, por qué el reglamento de 2026 tampoco ayuda y qué pide su piloto estrella.

La Puerta Giratoria de Milton Keynes

La lista da vértigo. Primero fue Adrian Newey, el hombre que dibujó los coches ganadores. Después Jonathan Wheatley, el jefe de operaciones de carrera. Christian Horner salió por la puerta de atrás y Laurent Mekies heredó un equipo en plena reconstrucción.

Y ahora llega el golpe más personal para Verstappen: Gianpiero Lambiase, su ingeniero de carrera durante una década se marcha a McLaren. Con él se van también Tom Hart, rumbo a Williams, y David Mart, que ficha por Audi.

Quien siga el mercado de fichajes con el mismo detalle con el que se analiza el fútbol en portales como squawka entenderá enseguida el problema. En la Fórmula 1 no se fichan solo pilotos, se fichan cerebros, y cada uno que se va se lleva conocimiento, hábitos de trabajo y relaciones construidas durante años.

Lo de Lambiase, además, va más allá del organigrama. Esa voz en la radio, capaz de calmar a Verstappen o de plantarle cara cuando hacía falta, era parte del rendimiento del coche.

El propio Max no ha escondido lo que supone. Sabe que un ingeniero de carrera nuevo necesita tiempo para entender cómo piensa un piloto, y que ese tiempo no lo tiene un equipo que ya llega tarde. Tampoco ha querido comprometer su futuro más allá de 2026, con las cláusulas de rendimiento de su contrato activadas por el mal arranque de temporada y los rumores creciendo a su alrededor.

Un Reglamento Que No Motiva

Al desgaste interno se le suma algo que Verstappen lleva meses diciendo en voz alta: el reglamento de 2026 no le gusta. Nada. Ha llegado a describir el nuevo producto como "terrible" y a decir que el problema es de base, que no se arregla con retoques. El reparto de potencia a partes iguales entre motor térmico y batería es su gran objeción.

Lo resumió con una frase que ha dado la vuelta al paddock: esto parece Fórmula E con esteroides cuando lo que él quiere es Fórmula 1 con esteroides.

Él insiste en que diría exactamente lo mismo si estuviera ganando, porque le importa el espectáculo. En el paddock no todos se lo compran.

Toto Wolff apuntó que buena parte del enfado viene de conducir un coche que no funciona, y hay algo de verdad en eso. El RB22 sigue sin rendimiento, y Red Bull afronta el reto añadido de fabricar su propio motor por primera vez, ahora de la mano de Ford, después de que Honda decidiera irse con Aston Martin.

Las Exigencias de Max

El mensaje de Verstappen a su equipo no es un discurso motivacional. Pide algo mucho más aburrido y mucho más difícil: estabilidad. Dejar de perder gente, cerrar la puerta, blindar a quienes quedan y concentrar todos los recursos en el motor, porque de poco sirve un buen chasis si la unidad de potencia llega con un año de retraso respecto a Mercedes.

Pide también realismo. Nada de prometer podios en tres carreras, sino marcar un plan claro y cumplirlo. Mekies ha reconocido que al equipo le queda mucho para llegar al nivel de los rivales, aunque defiende que la progresión existe y que Max está totalmente implicado en el proyecto, algo que en Milton Keynes repiten como un mantra cada vez que se le pregunta por su continuidad.

Ahí está el verdadero pulso. Red Bull necesita convencer a su piloto de que el proyecto tiene futuro antes de que el mercado lo convenza de lo contrario. La temporada aún puede enderezarse y el motor mejorará, pero el tiempo corre a favor de otros. ¿Aguantará Verstappen el tiempo suficiente para verlo?


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