- 25 de enero de 2026
Seattle busca una revancha perfecta, mientras que Nueva Inglaterra quiere ratificar su legado.

Han pasado 11 años, pero para muchos aficionados parece que fue ayer. La última vez que New England Patriots y Seattle Seahawks se encontraron en el escenario más grande de la NFL, el Super Bowl XLIX, dejaron una final que aún provoca debates, suspiros y discusiones interminables. Hoy, con ambos equipos nuevamente frente a frente en febrero, la comparación es inevitable.
El partido que lo tuvo todo (2015)
El 1 de febrero de 2015, en Glendale, Arizona, Patriots y Seahawks protagonizaron uno de los Super Bowls más cerrados y dramáticos de la historia. El marcador final fue 28-24 a favor de Nueva Inglaterra, pero el resultado apenas cuenta una parte de la historia.
Seattle llegó como campeón defensor, con una defensa temida y la sensación de estar construyendo una dinastía. New England, en cambio, buscaba reafirmar su legado. El juego fue de ida y vuelta, con cambios de ventaja y máxima tensión hasta el último segundo.
La jugada que cambió todo
Con el reloj agonizando y Seattle a una yarda de la zona de anotación, el mundo esperaba una jugada terrestre. No ocurrió. Russell Wilson lanzó un pase que fue interceptado por Malcolm Butler, sellando el triunfo de los Patriots. Esa decisión se convirtió en una de las más polémicas en la historia del deporte y marcó para siempre a ambos equipos.
El legado del ganador
El gran protagonista fue Tom Brady, quien lanzó cuatro pases de touchdown, fue nombrado MVP y ganó su cuarto anillo de Super Bowl. En ese momento, Brady igualó a leyendas históricas como Joe Montana (San Francisco 49ers) y Terry Bradshaw (Pittsburgh Steelers), y dio otro paso hacia convertirse en el quarterback más ganador de todos los tiempos.
El espectáculo fuera del emparrillado
El show de medio tiempo también quedó en la memoria. Katy Perry, acompañada por Missy Elliott y Lenny Kravitz, ofreció un espectáculo colorido, energético y masivamente visto. Fue considerado uno de los mejores halftime shows de su era y ayudó a que ese Super Bowl trascendiera lo deportivo.
Once años después: una historia distinta
Hoy, el contexto es completamente diferente. No están los mismos protagonistas, ni las mismas plantillas, ni la misma era de la NFL. Pero la herida, especialmente para Seattle, sigue abierta. Para New England, es una oportunidad de volver a demostrar que su nombre pesa en los momentos grandes.
No es solo otro Super Bowl. Es el eco de una final cardíaca, el recuerdo de una decisión que cambió destinos y la posibilidad de escribir un nuevo capítulo donde, esta vez, la historia puede tomar otro rumbo.




