- 17 de enero de 2026
Chicago cumple los pronósticos y cae helada histórica en los playoffs.

El invierno no dio tregua. Tal como se había anticipado durante la semana, la semifinal de conferencia de la NFL entre los Chicago Bears y Los Ángeles Rams se disputó este domingo bajo una temperatura de –7 grados centígrados en Soldier Field. Los Carneros se llevaron la victoria 20-17 en tiempo extra y avanzaron a la final de su conferencia, reflejo de un partido tan cerrado como condicionado por el clima.
Desde la previa, los pronósticos encendieron las alertas. Servicios meteorológicos y analistas especializados anticipaban temperaturas que oscilarían entre –6 y –10 °C, con una sensación térmica aún menor debido a ráfagas de viento constantes provenientes del lago Michigan. Esas previsiones se han cumplido, convirtiendo el partido en una auténtica prueba de resistencia física y mental para jugadores y entrenadores.
Soldier Field, estadio abierto y sin protección ante el clima, ha potenciado la dureza del entorno. El viento ha complicado el juego aéreo, el balón se vuelve más rígido y resbaladizo, y cada golpe se siente con mayor intensidad. Por ello, ambas ofensivas han optado por esquemas conservadores, priorizando el ataque terrestre y minimizando riesgos en un contexto donde el error se castiga el doble.
Un frío histórico
El frío extremo inevitablemente trae a la memoria algunos de los partidos más gélidos en la historia de la NFL. El más emblemático sigue siendo el "Ice Bowl" de 1967, entre Packers y Cowboys, disputado a –25 °C, considerado el juego más frío jamás registrado. Más recientemente, encuentros como el Titans vs. Chiefs de 2018 (–23 °C de sensación térmica) o el Seahawks vs. Vikings de 2016 (–21 °C) reforzaron la mística del fútbol americano en condiciones límite.
Sin llegar a esos extremos históricos, el Bears vs. Rams ya se inscribe como uno de los partidos más fríos de la temporada y de la era moderna en Chicago.




